Sin mayor complicación hizo unas tortillitas que cocinó en
puro comal (sartén negro) sin nada de aceite, se armó un gallo pinto, unos
trocitos de salchichón y lo más rico fue una super torta de huevos. Claro todo
acompañado de un buen cafecito caliente.
Al frente de la casa hay cercas con plantas de hortencias, las cuales estaban floreadas, y se acomodó el paisaje con una carreta que llevaba pasto. Doña Esther además de su cocina de gas, tiene un fogón en la parte de atrás de la casa y alterna la cocina armando puros de hojas de tabaco. Sin duda una persona muy especial.
En una de las esquinas de la cocina tiene un altar, el cual siempre tiene con flores y parece ser la bendición de los alimentos, porque estaban riquísimos. Gracias Doña Esther por el "gallito" y por darme material para compartir un pedacito de Tiquicia!
