Como muchas especies de hojas, flores, tallos y frutos, éste era uno de los recursos aprovechados por la gente de campo, dado que crecía sin ningún tipo de control en los potreros y campos abiertos. Empieza a crecer como planta rastrera, creciendo hasta alcanzar un tamaño de arbusto, aprovechándose las hojas, que tienen un alto contenido nutricional, aunque tienen su típico sabor amargo.
Un estudio de la Universidad de Costa Rica, indica que el “zorrillo” al igual que las hojas de chicasquil y la chaya, tienen altos grados de fibra, la proteína contenida es similar a las leguminosas y posee un buen nivel de antioxidantes. Comer de este tipo de hojas ayuda al sistema inmunitario y protege contra algunas enfermedades.
La web MUNDO FORESTAL también presenta esta especie en la cual destaca su importancia nutricional e histórica. (fuente de fotografía).

La preparación y uso de las hojas del zorrillo se hace igual que las hojas de espinaca. Es importante siempre desinfectarlas, lavarlas bien y luego añadir en sopas y picadillos, ya sea con otras verduras como papa y zanahoria, o con carne molida. Algunos recomiendan cocinar las hojas en agua, sal y 1 cebolla partida a la mitad, esto le elimina algo del sabor amargo de las hojas.
La receta básica consiste en sofreír cebolla, chile dulce y ajo bien picado, en aceite y una pizca de achiote (colorante natural), añadir el zorrillo limpio y picado fino, cocinar moviendo constantemente por unos 15 minutos, añadir la papa picada en cuadritos, condimentar al gusto, tapar y dejar cocinar hasta que la papa suavice. Se le puede añadir cucharadas de caldo preparado, pero al final debe quedar “sequito”.

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